Mi historia: Parte VII

Si has llegado hasta aquí es porque seguramente antes leíste: Parte VI, Parte V, Parte IV, Parte III, Parte II y Parte I

La transferencia, la última parte del proceso, no me lo podía creer, después de tanto tiempo y tantos sustos estábamos allí, y eso era pan comido. Un trámite!. Pues no resulto ser así, vamos por partes… aquel día me desperté con migraña. Si, me dolía muchísimo la cabeza, ya me dolía un poco el día anterior, pero no me quería tomar ningún analgésico por si minimizaba nuestras opciones, así que me aguanté y me fuí a trabajar, si, porque ese día trabajé, no quería seguir faltando al trabajo por el tema del TRA y levantar sospechas ya que no se lo había contado a nadie.

A mediodía llegué a la clínica, a la hora que me habían dicho, y con la vejiga «llena» me encontré con que iban con retraso por una urgencia, así que me pasé una horita en camison haciéndome mucho pis. Aún así aguanté como pudehasta pasar a quirófano. Yo me imaginaba por foros y blogs que había leído, que J podría pasar conmigo y que aquello era emocionante y esperanzador, pero en mí clínica hacen transferencia en quirófano, por las condiciones asépticas del mismo, y te desinfectan y siguen los pasos prácticamente de una punción, por tanto, no dejan entrar a nadie, así que me fuí sola ante el peligro.

Antes de empezar me hicieron una eco, y vieron que estaba todo correcto, pero:
«Uff te has pasado de agua, por nosotros mejor, pero lo vas a pasar mal»

Y debió ser una premonición, porque oops!, la cánula no pasaba. Nadie entendíamos nada, porque me habían hecho histeroscopia, histerosonografia, 2 biopsias de endometrio, y jamás pasó eso, todas las cánulas entraron con normalidad. Pero yo no podía ponerlo fácil nunca. Es muy importante que el proceso de transferencia sea limpio, para maximizar las posibilidades, por tanto hay que evitar hacer algún tipo de heridita o forzar la situación. Intentamos de mil posturas, más arriba, más abajo, y seguíamos igual. Para colmo, yo ya no aguantaba más, así que me dejaron ir al baño a hacer «un poquito»…

¿Habéis intentado hacer «un poquito» cuando os estáis reventando y llevais así más de hora y media? pues ya os lo digo yo: imposible. Aquello se abrió como una presa y no pude parar, por lo que relenticé todo el proceso, que de por si ya había empezado tarde. Me fui a la habitación de nuevo, en camison, y empecé a beber agua, mucha agua. En mi mente pensaba que si bebía mucha, bajaría antes hacia la vejiga, pero eso no es del todo cierto.

En ese momento en la habitación con J, empecé a ponerme nerviosa, pensando que nuestro huevito llevaba mucho tiempo descongelado y que no iba a funcionar, demasiada manipulación. Tanta espera no iba a merecer la pena por el simple hecho de estar… meandome? me resisití las ganas de llorar, pero tuve muchas.

Entré a hacerme una eco de nuevo, pero no había pasado el tiempo suficiente y la vejiga se veía vacía, así que me propusieorn dejarme en el quirófano con las piernas para arriba para acelerar el proceso. Para ese momento me dolía ya mucho la cabeza, y el hecho de llevar tantas horas sin comer (desde que desayuné a las 7:00), solo bebiendo agua, y ya para rematar, de esa postura, no hacía que la cosa fuera mejor. Es más, estaba a punto de llegar al límite de mi aguante, pero no podía darme la vuelta, no podía irme a casa sin más, solo había uno y estaba descongelado y esperando.

Cuando me hicieron la segunda eco, la vejiga estaba lista, otra vez más llena de lo que hacía falta, pero renuncié a la opción de hacer «un poquito», y seguimos para delante. La cosa con la cánula no mejoró, así que fueron a buscar una flexible a otro quirófano, después de un rato de lucha, por fin pasó y lo conseguimos. Mi embrión estaba listo y dentro de mí, me dijeron que si quería ver el proceso en pantalla, pero me encontraba tan mal, que no fui capaz de fijar la vista mucho tiempo. Solo pensaba en que aquello que había terminado.

Me dejaron 20 minutos en la camilla en reposo, pero tuve que ir al baño. Me sentí superculpable, y aunque os parezca una tontería, pensaba que mis oportunidades, si es que quedaba alguna después de aquel proceso tan largo y con tantas incidencias, se habían ido por el retrete literalmente. Cuando me vestí y salí, solo quedaba la chica de recepción, era Viernes, y hacía tiempo que debían haber cerrado sino hubiera sido por mi complicada transferencia, la chica me sonrió y me deseo suerte.

Esperé a que J trajera el coche lo más cerca posible, pensaba que si andaba se estropeaba, no quería ni moverme. Estaba cansada y con mucho dolor de cabeza. Llegué a casa y me fuí directamente a la cama, con la mente perdida entre el dolor y las complicaciones. Solo quería dormir.

Al día siguiente me levanté mejor, algo aturdida y cansada, pero con menos dolor de cabeza. Salimos a dar un paseo a los perros e intentamos plantearnos ese día y los próximos, lo más relajadamente posible. Teníamos el camino de la betaespera por delante… eso lo dejaré para la siguiente historia: Parte VIII

9 comentarios sobre “Mi historia: Parte VII

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