Mi historia: Parte VIII

Esos segundos eternos hasta el resultado…

Por si quieres saber donde empezó todo: Parte VII, Parte VI, Parte V, Parte IV, Parte III, Parte II y Parte I

A los 7 días de la transfer, me lié la manta a la cabeza y me hice un test de embarazo. Me lo hice a escondidas, porque J y yo habíamos acordado no hacerlo, pero era un test de one step, me había costado céntimos y estaba ahí muerto de risa en el año desde nuestros inicios en la búsqueda, qué podía perder? por supuesto fue negativo.

Qué dura es la betaespera, me encontraba muy nerviosa, mucho, pero eran nervios raros, no era mi yo habitual… Tan pronto tenía frío como tenía calor. Dormía mal, me despertaba en medio de la noche, acelerada, temblando.

Pasaron un par de días en los que intenté tranquilizarme y razonar mentalmente que no quería decir nada porque era demasiado pronto, además me lo hice por la tarde, sin ser la primera orina de la mañana, por tanto, no tenía importancia, simplemente me había servido para calmar mi ansiedad y punto.

Estaba muy cansada, pero era normal, la progesterona hace estragos y los nervios también…. a las 48 horas repetí el test, a escondidas también , esta vez por la mañana. Era blanco, blanco… o no? tras 5 minutos se vislumbró una sombra rosada en la segunda raya. Me puse a investigar en internet y empecé a estudiar el extraño caso de las líneas de evaporación. Esas líneas que salen de modo tardío en los test y que pueden parecer un falso positivo débil, pero claro, la mía no había salido a la media hora, ni a los 10 minutos, había salido a los 4-5 minutos. Suficiente para ser positivo débil o tal vez quería ver cosas donde no las había?. Tenía tantas ganas de que fuera positivo, y a la vez tanto miedo de creermelo y que fuera un batacazo… solo era el día 9 de la betaespera. Y la beta la tenía 4 días después.

Cuando se lo conté a J no me echo la bronca por hacer lo que me dio la gana pese a lo que habíamos pactado, total, siempre hago lo que me da la gana. Al contrario, se alegró demasiado, más que yo, creyó en esa sombra rosada como una biblia, y quedamos en repetir al día siguiente con la primera orina de la mañana… que fue a las 6 de la mañana porque no podíamos esperar más. Y parecía no haber duda, la marca rosada apareció, no era totalmente oscura, pero no era blanca. Estábamos esperando un bebé. Nunca antes habíamos visto un positivo. Estábamos en una nube.

Era el cumpleaños de mi padre y recuerdo que nos fuimos a comer con ellos para celebrarlo, pero en realidad y secretamente, nosotros celebrábamos otra cosa. Nunca he sido tan feliz, ni he reído con más ganas que aquel día. Esa misma tarde un Clear Blue nos sacaba de dudas con su texto: embarazada 1-2 semanas. Un solo congelado, una sola transferencia, rompiendo la estadística, allí estábamos.

El Lunes me realicé la beta, fuí sin prisa, a la hora de comer, para no tener que pedir permiso en el trabajo. Recuerdo que me llamaron de la clínica a media mañana, tenía a todos esperando intrigados. A las 15:30 tenía el resultado. Beta positiva a 87. No era un valor muy alto y la verdad es que me vine un poco abajo, pero la doctora me dijo que entraba dentro de los valores normales y que no tenía porque preocuparme, en 7 días repetiríamos. A los 7 días el valor había subido a 1170, con una duplicación muy buena, ¡todo seguía hacia delante!.

Y yo lidiaba con los primeros síntomas en aquella ecoespera. Si creía que la betaespera era dura, es porque nunca me había planteado la ecoespera. Qué días más largos… y que mareos, y que estómago tan cerrado, y que sensación de hinchazon… y que bien me sentaba todo de pensar que iba a ser por fin mamá. La eco llegó y con 6 + 3 mi embrioncito latía mucho y muy bien. Me gustaría decir que ver esa eco fue emocionante, que lo fue, pero no lo fue a secas, siempre tenía esa sensación de que algo iba a ir mal, de que algo truncaría mi destino como siempre… me fui contenta, pero prudente, con mi carpeta de alta de la clínica de reproducción.

Al día siguiente fuí al médico de cabecera y salí con un montón de citas: analítica, ginecólogo, matrona… la ilusión de J ya era desmedida para ese entonces, pero yo no se muy bien porque, solo dejaba crecer mi prudencia. Os seguiré contando más adelante… Mi historia: Parte IX

8 comentarios sobre “Mi historia: Parte VIII

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