Mi historia: Parte XV

Hasta llegar hasta aquí, he recorrido mucho camino. Si quieres puedes pasarte y leerlo: Parte XIV, Parte XIII, Parte XII, Parte XI, Parte X, Parte IX, Parte VIII, Parte VII, Parte VI, Parte V, Parte IV, Parte III, Parte II y Parte I

Como os dije en el otro post, me encontraba en una nube, con una beta de 240 y un montón de cansancio y de síntomas, benditos síntomas, empezaba lo que yo creía que era el principio del final de la pesadilla.

Repetimos la beta en una semana, y con un resultado de 2300 nada podía ir mejor. Me sentía hinchada por días, la ropa me apretaba aunque pareciera imposible, y empezamos a pasar la dulce espera de la eco.

Y digo dulce, porque esta vez lo fue, creía que nada podía ir mal. Llegó el ansiado día, entramos en la consulta, preparamos el móvil para grabar, todas las chicas (doctoras, enfermeras, ats….) que nos habían atendido y sabían de nuestra historia, entraron para vivir el ansiado momento.

Y el ansiado momento es que no había nada. Había un saco gestacional, se podía ver algo que podía ser un saco vitelino, pero no se veía embrión ni mucho menos latido. Vino el mazazo. Nos dijeron que quizá era pronto, que había casos en los que tardaba en verse… pero yo me puse en lo peor. Con 6 + 3 debería verse al menos el embrión. Salí de allí con la cabeza como un bombo, y muchas, muchas ganas de llorar. No podíamos hacer nada salvo esperar. Esperar 7 interminables días que fueron los más largos de mi vida.

Y además ni siquiera fueron 7. Mientras J decidía aferrarse a la esperanza de que pudiera ser una implantación tardía, de que faltase tiempo, yo me sumergía en internet y veía como todos los casos parecidos habían acabado con un final triste. Por mucho que se lo dijera, era como sino quisiera oírlo, mi nerviosismo aumentaba, mi paciencia se acababa, mi nube se rompía en dos y daba paso a rayos y truenos. No aguanté más y reprogramé la cita 3 días antes de la fecha indicada.

La eco confirmó que no había embrión, que el saco no había crecido apenas y que había un poco de desprendimiento en una de las partes del saco, por lo que en cualquier momento iba a perderlo de forma natural.

Me sentí tan mal, tan horrible. No se si fueron las hormonas o si fue mi convencimiento de que aquella vez era la buena, pero lo cierto es que el palo fue aún mayor que la otra vez. Me dieron a elegir las pastillas o el legrado, y no me vi capacitada para pasar por las pastillas, no después de la hemorragia, y no en ese momento. Lo único que quería es que todo aquello acabase y acabase ya. Olvidarme, dormir, descansar, que pasase el tiempo y que todo formase parte de un recuerdo, un triste recuerdo.

A las 8 de la mañana del día siguiente ingresé y en unas horas todo había terminado y volvía a estar en casa. Vacía. Sola otra vez. ¿Y ahora qué había fallado? Esta vez necesité la baja, y no porque me encontrase mal, sino porque no era capaz de desprenderme de esa tristeza. Las lágrimas me invadían constantemente, la apatía, meterme en la cama y dormir era lo único que me aliviaba, mientras dormía no pensaba, no lloraba y alomejor en sueños, era feliz, alomejor sonreía, alomejor era madre.

Por si fuera poco, el mismo día del legrado tuve una pelea horrible con mi madre, que ya os conté en el post “Traicionada”. A día de hoy, no la he perdonado, pero lo he superado y soy capaz de hablar con ella con normalidad, pero desde luego no con el cariño que me ha hecho tanta falta en este tiempo.

Tras un periodo de tiempo, la tristeza fue cediendo, no me encontraba mejor, pero tenía que seguir y tenía que sobrevivir. Tenía que volver al trabajo y la rutina me ayudó a sobrellevar la situación.

Decidí darme un tiempo, era casi Julio y me di vacaciones. Mi cuerpo y mi mente las necesitaban… pero entonces llegó el acné. Durante las estimulaciones había tenido la cara fatal con las hormonas, siempre fuí de tener una piel bonita, y durante los TRA me salían unos granos internos muy dolorosos por toda la zona de la barbilla, que me dejaba unas marcas horribles. Sin embargo, después de las punciones, todo desaparecía y volvía a la normalidad.

Dicen que después de un legrado puede pasar cualquier cosa, y que las que antes no tenían reglas abundantes, empiezan a tenerlas y al revés. En mi caso, una explosión de acné apareció en la zona derecha de mi cara, fue de un día para otro. Eran granos rojos, sin cabeza, quistes dolorosisimos que empeoraban mi aspecto y me hacían caer en el principio de una depresión. No era suficiente con no no ser madre y perder un embarazo otra vez, sino que además tenía que verme mal. Hinchada y con la piel destrozada, no eran los granos solo, era una sensibilidad terrible al sol, a los cosméticos, hasta las sábanas me molestaban por la noche. Fuí al dermatólogo y me recetó varias cosas, pero lo último que me apetecía era volver a tomar pastillas, así que simplemente lo dejé estar, incorporé las rutinas de limpieza y pomadas que me recomendó, y por primera vez en mi vida he pasado un Verano maquillada hasta para ir a la piscina.

A principios de Agosto empecé con un manchado irregular e intermitente. Es lo que pasa cuando tú quieres cortar con algo, que a veces no te deja. Y A mí no me dejaba. Me acerqué a la clínica y me confirmaron que no era la regla. No estaba ovulando y tenía un quiste de más de 3 cm en el ovario derecho. Me mandaron una analítica para descartar más problemas, afortunadamente estaban correctos. Y empecé con las anticonceptivas para tratar de resolver ese quiste lo antes posible. Y así me fuí de vacaciones… hasta ayer que volví a la clínica y el quiste había desaparecido.

He de decir que mi cara también está mucho mejor, aunque las secuelas y marcas que me ha dejado son super oscuras y evidentes, pero espero poder ponerle solución en el futuro. Y de momento, no hay nada que un buen maquillaje no pueda disimular.

Con este post doy mi historia por contada. He resumido mucho, hay cosas que no he puesto por no salirme del hilo principal, detalles que son importantes para las y los que estamos en esto y que iré contando más detenidamente en otros posts.

Hasta aquí mis vivencias, contadas en este blog para mi propia terapia, y si además pueden ayudar a alguien, pues mejor que mejor.

Hasta aquí mi pasado, y de hoy en adelante… lo que quede por venir.

¿Ves eso? es el futuro

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