Mi historia: Parte IX

Podrás entender todo mejor si pasas por aquí: Parte VIII, Parte VII, Parte VI, Parte V, Parte IV, Parte III, Parte II y Parte I

Yo soy superdisciplinada, si me dicen que no puedo comer jamón y debo lavar todo cien veces con amukina, eso hago. Si me dicen que debo descansar, tomarme la vida con calma, me cuesta más que lo anterior, pero lo intento y lo hago.

Los días pasaban y mi malestar iba en aumento, que curioso es sentirse bien en medio de tanto malestar, sobre todo mareos, horribles que me acompañaban todas las horas del día. En el trabajo tenía que tener cuidado, ya que el comedor está en el sótano, y al bajar, me mareaba tanto que pensaba que iba a caerme. No podía exteriorizar esos momentos, porque decidí no contar nada a nadie, así que simplemente me agarraba torpemente al pasamanos y disfrutaba de mi secreto.

Y entonces pasó. Salimos a celebrar mi santo, yo estaba pletórica, eufórica, fuimos a comer a un italiano, yo pedía todo con sumo cuidado, dentro de los estipulado. Al salir pensé «que bien me encuentro, con mi familia celebrando… y mi bebé?». Y me dí cuenta de que ese día me encontraba mejor, los mareos seguían pero eran más sutiles. El cansancio desaparecía, las piernas ya no pesaban, y la inevitable pregunta se me vino a la cabeza: ¿estará todo bien?. No dije nada a J, eran paranoias mías, me había costado mucho llegar hasta aquí.

Desde ahí, pasaron 5 interminables días en los que los síntomas iban desapareciendo, mi pecho dejaba de estar sensible, y daba paso al pecho de siempre, mi mareo desaparecía, mi fatiga, mi lentitud, todo parecía desvanecerse, sutilmente, pero lo hacía. Supongo que las mujeres tenemos ese sexto sentido con los hijos incluso mucho antes de que lleguen a nacer. Aquello no iba bien.

Se lo comenté a J y en su desmedida ilusión, me decía que era normal, que ya me encontraba mejor porque mi cuerpo se habituaba. Qué me observaba demasiado, que todo iría bien… Faltaba tanto para la eco en la SS y tenía tanta angustia, casi ansiedad, que en la madrugada del Viernes al Sábado decidí irme a urgencias. J no quería ir, porque me decía que no había nada que contar al médico, si todo está bien, ¿qué le vas a contar? ¿pensamientos? ¿sensaciones?. En cierto modo tenía razón, así que le dije que lo hiciera por mí, por mí tranquilidad.

Cuando llegué a las urgencias geinecológicas no eran ni las 7 de la mañana. La sala de espera era fría, inhóspita, pero a la vez hacía calor. Solo había 2 chicas más esperando, una con una evidente barriga y otra solo con una incipiente. Me tomaron los datos y me dijeron que pasaría a triage para valorar. Como no sabía muy bien que contar para que me hicieran una eco, dije que sangraba, que me había asustado y por eso había venido. Estuve bastante tiempo esperando, la verdad es que para no haber nadie en apariencia, no se que estaban haciendo, en la sala cada vez iba llegando más gente, algunas parejas felices, y otras preocupadas, alguna mujer sola… y me tocó mi turno.

Tengo un recuerdo muy vago de lo que pasó en este momento, lo escribí en otro post y no me voy a extender más, porque aún hoy me cuesta escribirlo y recordarlo después de tantos meses. No había latido. Sin paños calientes, sin adornos. Se me rompió algo y las lágrimas asomaron, ni por lo más remoto podía creer como finalmente yo tenía razón.

En las urgencias de la SS no hay mucho tiempo para nadie y yo no soy especial, me dijeron que me vistiera, me dieron una hoja con las opciones y lo tuve que leer fuera y decidir que quería hacer. De alguna forma, me indujeron a utilizar pastillas, en principio era porque no se toca el útero y te deja limpia para seguir intentándolo, ahora que ha pasado el tiempo, creo que es porque se ahorran una camilla y una intervención.

Las siguientes horas fueron bastante difíciles, las recuerdo entre el sillón y el baño. Expulsé coágulos muy grandes, y tuve un sangrado muy intenso que me hizo marearme durante aproximadamente 2 horas, para al final de la tarde remitir y quedarse en algo menos que una regla normal. Todo había terminado. Así como empezó con un montón de medicamentos, igualmente terminó.

Y mi vida cambió, os puedo decir que soy la misma, pero no la de siempre.

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